14. Para el servicio a Dios
Eterno Dios, tú eres la luz de la mente de los que te conocen, la alegría del corazón que te ama, y la fortaleza de la voluntad que te sirve: permítenos conocerte de tal manera que podamos amarte realmente, y que de tal manera te amemos que podamos servirte plenamente, porque tu servicio es libertad perfecta, en Cristo Jesús nuestro Señor. (Agustín de Hipona, adaptado).