El servicio para Cristo

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La vida del cristiano

3. La pos-comunión

Cranmer tenía una conclusión bastante compleja para su servicio, que consistía en el Padre Nuestro, una de las dos oraciones de renunciamiento propio, el Gloria y la Bendición. Casi todos concuerdan en que todo esto es demasiado largo, y algunos llegan a considerar que obra como anticlimax. Su gran valor, no obstante, está en que la primera oración, que le pide a Dios «que acepte este nuestro sacrificio de alabanza y acción de gracias», está separada deliberadamente de la oración de consagración y, más aún, viene después de la recepción de los elementos. De esta manera queda en claro, más allá de toda posibilidad de duda, que nuestro sacrificio es una agradecida respuesta a la de Cristo y que en ningún sentido forma parte del mismo.

Las liturgias modernas, en contraste con Cranmer, tienden a considerar la comunión misma como la culminación del servicio, y por consiguiente abrevian la conclusión. En algunas consiste en una sola oración y una bendición. Siendo así, la oración debería combinar una acción de gracias por el cuerpo y la sangre de Cristo, una ofrenda de nosotros mismos como sacrificio vivo, y una oración para que seamos enviados al mundo a vivir para su gloria. Sigue luego la bendición, juntamente con las palabras de despedida: «Id en paz a amar y servir al Señor».

El servicio para Cristo

En el Nuevo Testamento se nos presenta a Jesucristo como el siervo, en realidad como el siervo por excelencia, «el siervo del Señor», el cumplimiento pleno de los pasajes sobre el siervo en Isaías 42–53. Jesús mismo dijo «en aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir» (), y también, «yo estoy entre ustedes como uno que sirve» (). Aún más, en los Evangelios lo vemos sirviendo a Dios cuando servía a otros. Predicaba, enseñaba y sanaba. Alimentaba a los hambrientos. Lavó los pies de sus discípulos. Ningún servicio le resultaba demasiado humilde o demasiado exigente como para llevarlo a cabo. Como dijo Pablo más tarde, «tomó la naturaleza de siervo... se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo» ().

Ahora Jesús nos llama a nosotros a seguir en sus pasos, a imitarle, e incluso a desarrollar los ideales de servicio que él inició. Porque esta es la comisión que nos dejó: «Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes» (; comparar 17:18). En esto, como en todo lo demás, él ha de ser nuestro modelo. Hemos de entregar nuestra

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