vida en servicio, así como él entregó la suya. En primer lugar, somos sus siervos, así como él era el siervo del Señor. Pablo, Santiago y Judas no titubearon en comenzar sus cartas designándose «siervos de Jesucristo». Sabían que él los había comprado, y que en consecuencia eran posesión suya, y que por ello debían estar a su disposición. En segundo lugar, la forma principal de servirle es servir a otros. «Aunque soy libre respecto a todos», podía escribir Pablo, «de todos me he hecho esclavo» (). Somos doblemente siervos, porque proclamamos «a Jesucristo como Señor» y «nosotros no somos más que servidores de ustedes» ().
Testimonio y servicio
Ahora bien, ¿qué forma ha de adoptar nuestro servicio? Quiero presentar un concepto mucho más amplio y pleno de servicio cristiano que el que usualmente se considera entre nosotros. Las palabras «servicio» y «ministerio» son ambas traducciones del mismo vocablo griego diakonía. Cierto es que la expresión «ministerio» se aplica con frecuencia a quienes han sido ordenados. Pero el ministerio cristiano es algo que cumplen tanto laicos como pastores, y tanto en la sociedad general como en la iglesia. De hecho, se trata de una palabra inclusiva para toda clase de servicio realizado en el nombre de Cristo. Dado que el ministerio es servicio, y servir es una persona (cuerpo y alma) en el seno de una comunidad, tenemos que ocuparnos de su bienestar total: físico, espiritual, y sociopolítico. Todos estos aspectos pueden constituir ministerio cristianismo.
Nuestra preocupación prioritaria es el bienestar espiritual eterno de la gente, es decir, que conozcan a Cristo como su Salvador y Señor. Todos hemos sido llamados a dar testimonio de él cada vez que se nos presente una oportunidad adecuada. Pero también debe preocuparnos el bienestar material del prójimo, como aprendemos de la parábola del buen samaritano. No hay necesidad de optar entre evangelización y responsabilidad social. Hacerlo refleja un dualismo entre cuerpo y alma, entre este mundo y el próximo, algo que la Biblia no enseña. Hemos sido llamados a dar testimonio como también a servir; ambos aspectos forman parte de nuestro ministerio y misión cristianos.
Segundo, hay diferentes tipos de ministerio, determinados por el don particular y el llamado que cada persona recibe. El siervo puede servir por medio de sus oraciones, sus