No sabemos cuándo ni cómo ocurrirán. ¿Cuál ha de ser, entonces, muestra oración? Los cristianos tienen una sola: «No se haga mi voluntad sino la tuya». Pedimos orientación para conocer la voluntad de Dios y fortaleza para cumplirla.
Hemos visto que la vida cristiana es una vida de oración. Es una experiencia trinitaria de comunión con el Padre a través del Hijo y por el Espíritu. Además, esencialmente es una respuesta a la Palabra de Dios. Cuanto más disciplinados seamos para cumplir con nuestros momentos devocionales, tanto más fácil nos será «[orar] sin cesar» () y «permanecer en [Cristo]» () porque la seguridad de su presencia invadirá y ocupará los períodos intermedios.
La cena del Señor
La primera condición para una vida cristiana caracterizada por la salud y el progreso es que mantengamos una relación íntima con Dios por medio de la oración y la lectura cotidiana de la Biblia. La segunda condición es que los miembros de la comunidad cristiana mantengamos una relación íntima entre unos y otros. La vida cristiana no puede vivirse aisladamente (excepto en la improbable circunstancia de encontrarnos abandonados en una isla desierta). Tampoco, por cierto, hemos de querer aislarnos de esa comunidad, una vez que hayamos probado el disfrute de la comunión fraternal.
Hermanos y hermanas en Cristo
Muchas personas encuentran poco atractiva la perspectiva de hacerse miembros de una iglesia cristiana; hasta pueden encontrarla realmente desconcertante. Se sienten decididamente incómodas en la iglesia. La idea de una comunidad multicultural suena grandiosa, pero la experiencia dista mucho de serlo. El escritor C. S. Lewis la describió con humor cáustico. Cuando, después de su conversión, él comenzó a concurrir a la iglesia los domingos, y a la capilla de la universidad los días de semana, escribió que la idea de hacerse miembro no le pareció nada atractiva:
Si bien me gustaban los clérigos tanto como me gustan los osos, tenía tan pocas ganas de estar en la iglesia como de estar en el zoológico. Se trataba, para empezar, de una especie de colectivismo; un aburrido asunto de «juntarse»... Para mí, la religión tenía que ser una cuestión de que hombres buenos orasen solos y se juntaran de a dos o tres para hablar de temas espirituales. ¡Y además, estaba la irritante y molesta pérdida de tiempo de todo el