Creemos en Dios Padre

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Las creencias del cristiano

Segundo, tenemos el Credo Niceno. Es ligeramente más largo que el Credo de los Apóstoles. Lleva su nombre al hecho de que incluye ciertas cláusulas acerca de la persona divina–humana de Jesucristo que fueron acordadas en el Concilio de Nicea en el 325 d.C.

La existencia de Dios

Como la Biblia, los credos dan por sentada la existencia de Dios, y no la discuten. En última instancia, aceptamos la existencia de Dios por fe, no mediante pruebas. Al ser infinito, y por consiguiente estar más allá del alcance de nuestra mente finita, Dios sólo puede ser conocido por su revelación, y no mediante nuestra razón. No quiero decir con esto que la creencia en la existencia de Dios sea irrazonable. Por el contrario, hay sólidas razones para creer que existe. No hay espacio aquí para elaborar los cinco argumentos clásicos a favor de la existencia de Dios que detalla Tomás de Aquino. Sin embargo, lo que puedo hacer es sugerir tres líneas de pensamiento.

1. El hecho del universo

En derredor de nosotros hay fenómenos que resultan inexplicables aparte de Dios. Es razonable suponer que, así como todo edificio tiene su arquitecto, toda pintura su artista, y todo mecanismo su diseñador, así también el universo, misterioso, hermoso y complejo, ha de tener necesariamente su Creador. En palabras de Aquino, él es la Causa de la que en última instancia se derivan todos los efectos; él es la Energía de la que procede todo el movimiento; él es el ser; él es la Vida, a la que toda vida debe su existencia, su ser. Estos pensamientos expresan los escritores bíblicos de diversas maneras. «Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos» (). «Desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó» (). Además, «el Dios viviente, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos ... no ha dejado de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón» ().

Después de la destrucción de la antigua Catedral de San Pablo, durante el gran incendio de Londres (1666), el arquitecto Christopher Wren comenzó a diseñar y edificar la catedral nueva, que existe actualmente. Con frecuencia sorprende a los visitantes que no haya nada que lo recuerde. Pero su tumba se encuentra en la bóveda, cerca de la de Nelson y de la de Wellington, y encima de ella una placa tiene la siguiente inscripción en latín: Si

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