Esta breve visión panorámica de diversas esferas de servicio cristiano (el hogar y el trabajo, la iglesia, la comunidad y el mundo) puede resultar abrumadora. Cada uno de nosotros tiene tiempo limitado y energías limitadas. Nadie debería intentar hacerlo todo. Nadie puede hacerlo todo. A mí me alivia recordar el simple hecho de que todos no pueden hacer todo. Porque Dios está edificando su iglesia, y él llama a los diversos miembros de la misma a concentrarse en los diferentes ministerios. Todos tenemos un ministerio cristiano en el hogar y en el trabajo. Estas son responsabilidades que no podemos soslayar. Pero si invertimos el resto del tiempo de que disponemos en la iglesia local, en la comunidad local o en la atención de asuntos globales, o si dedicamos parte del tiempo a cada una de estas tareas, es asunto que cada cual ha de decidir a conciencia delante de Dios. Nuestros dones, personalidad, trasfondo, intereses y sentido de llamado nos ayudarán a discernir el propósito que tiene Dios para nosotros. Lo que está claro es que él nos llama a dar muestra vida en servicio. Como dijo el apóstol Pablo: «hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo» ().
Enséñame, mi Dios y Rey, En todas las cosas a verte a ti; Y lo que hago en cualquier cosa Hacerlo como para ti. Que todo participe de ti; Nada puede ser tan despreciable Que, condicionado «por amor a ti», No se vuelva brillante y limpio. Un sirvo, con esta frase, Hace divino lo fatigoso. Quien barre un cuarto, como para ti, Al cuarto y a la acción convierte en buenas. Esta es la famosa piedra Que todo lo convierte en oro; Pues lo que toca Dios y hace suyo No puede convertirse en menos. (George Herbert 1633)