difundido y respaldado este concepto hace siglos, por cuanto la Biblia enseña claramente acerca de la unidad del planeta y de la raza humana. Todo ser humano es nuestro prójimo, por lo tanto, y su raza, nación, clase o lengua particular no influye sobre nuestra responsabilidad para con él. Es urgente que, en el nombre de Cristo, repudiemos todo estrecho espíritu localista, y que adoptemos en cambio una ciudadanía universal consciente. Los cristianos, como ciudadanos del mundo, estamos comprometidos tanto con la misión mundial como con una preocupación por cuestiones mundiales.
La misión mundial (a veces llamada evangelización mundial) no debe descartarse como la aventura o entretenimiento de unos cuantos fanáticos. Tampoco podemos descartarla para estar a tono con la tolerancia religiosa en nuestras sociedades crecientemente pluralistas. Por cierto que no, la evangelización del mundo forma parte de nuestra obediencia cristiana, porque fue el mismo Señor resucitado quien proclamó la Gran Comisión, cuando dijo «vayan y hagan discípulos de todas las naciones» (). Es la expresión natural del amor de Dios, que se llevó a su propio Hijo por el mundo (). Además, Dios ha «super exaltado» a Jesús, asignándole el lugar de supremo honor, a su derecha, con el fin de que toda rodilla se doble ante él y toda lengua confiese que él es Señor (). Si este es el deseo de Dios, debe ser el nuestro también. En consecuencia, «Misionero» es su título tradicional, si bien actualmente con frecuencia se llama «socios en la misión», comparten la tarea de diseminar el evangelio por todo el mundo. Pero todos los cristianos, sin excepción, deberíamos contribuir en alguna forma a la misión mundial de la iglesia encomendada por Dios. La mejor manera es desarrollar un interés personal en una o dos misiones o misioneros en particular, con el fin de estar informados, leer sus informes, mantener correspondencia con ellos, y apoyarlos en forma habitual con nuestras oraciones y con nuestra sacrificada cooperación económica.
Nuestra preocupación por cuestiones mundiales demanda un compromiso con la paz, la justicia, y el medio ambiente. Dado que los problemas son tantos y tan variados, probablemente sea mejor elegir alguno de ellos según nuestros intereses personales y particulares, y procurar estar informados y comprometernos a colaborar de alguna manera. Quizá la mejor forma de hacerlo es vincularnos con algún grupo que se haya comprometido a estudiar y actuar en el aspecto que nos interesa, ya sea el hambre o la falta de techo, la desigualdad económica Norte– Sur, la ecología, el carácter sacrosanto de la vida humana, la armonía racial o los derechos humanos.