seguro de que tiene poder para guardar hasta aquel día lo que le he confiado» (). Las cartas de Juan, en especial, están llenas de afirmaciones acerca de aquello que «sabemos». Por ejemplo, «sabemos que somos hijos de Dios» (). En efecto, nos dice Juan que su propósito principal al escribir su primera carta era proporcionar a sus lectores bases sólidas sobre las cuales afirmar su certidumbre: «Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna» (). Esto les resultará sumamente extraño a quienes consideran la vida eterna como sinónimo del cielo. Pero la frase «vida eterna» significa la vida de la nueva creación inaugurada por Jesús. Consiste esencialmente en conocer a Dios a través de Jesucristo (). Comienza ahora y se perfeccionará en el cielo. La certidumbre cristiana tiene que ver con ambos aspectos.
Varias razones indican por qué es deseable tener seguridad. Primero, si Dios quiere que disfrutemos de vida eterna desde ya (algo que indudablemente enseñó Jesús), entonces con seguridad quiere que lo sepamos. Segundo, con frecuencia las Escrituras nos prometen paz y tranquilidad de ánimo. Pero si nuestra conciencia no deja de molestarnos y no tenemos la seguridad de haber sido perdonados por Dios, jamás podremos tener paz. Tercero, la certidumbre cristiana es una condición para poder ayudar a otros. ¿Cómo podemos indicarle a otra persona el camino, si nosotros mismos no lo conocemos?
Aceptando, entonces, que un derecho que nos corresponde por haber nacido como hijos de Dios es no sólo el de recibir la vida eterna sino también el de saberlo, ¿cómo podemos obtener esa certidumbre? Igual que el trípode de la cámara fotográfica, ella descansa sobre tres soportes, todos los cuales tienen que ser seguros.
1. La obra de Dios Hijo
El primer fundamento de la seguridad cristiana es la obra de salvación que Jesucristo llevó a cabo cuando murió en la cruz. Tenemos que preguntarnos en qué hemos puesto nuestra fe. Si creemos que hemos sido perdonados, y si tenemos la esperanza de ir al cielo al morir, ¿en qué confiamos para el cumplimiento de estas cosas? Si contestamos, como lo hacen algunos: «Bueno, llevo una vida correcta, voy a la iglesia todas las semanas, etc., lo primero que notamos es que hemos hablado en primera persona. ¡Exactamente! Es evidente que seguimos confiando en nosotros mismos. De esa forma no vamos a tener seguridad de la salvación; sólo de juicio. Si, por el contrario, contestamos la pregunta con la sola palabra