Cómo estar seguro de ser cristiano

Página 21

Los comienzos de la vida cristiana

entre él y nosotros ha cedido el lugar a la reconciliación, y que sus brazos nos envuelven y nos sostienen? Pues ese es el testimonio del Espíritu. ¿Acaso no sentimos, al orar, que estamos en la debida relación con Dios, que nos alcanza su rostro sonriente, que él es nuestro Padre, y que nosotros somos sus hijos? Una vez más, se trata del testimonio del Espíritu. Él derrama el amor de Dios en nuestro corazón, y hace real en nosotros la paternidad divina. Algunas veces su testimonio constituye una experiencia tranquila y poco expresiva. En otros momentos, como lo han testimoniado muchos cristianos en diferentes épocas y culturas, puede convertirse en una experiencia sobrecogedora de su presencia y misericordia.

El carácter y la conducta

Si, por un lado, el testimonio interior del Espíritu es una realidad en nuestro corazón, por el otro, su testimonio externo se deja ver en nuestro carácter y en nuestra conducta. Cuando Pablo enumeró las nueve cualidades principales del que ha de asemejarse a Cristo (amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio), las describió como «el fruto del Espíritu», que el mismo Espíritu hace madurar en nuestra vida (). De modo que compara al Espíritu con un jardinero, y a nosotros con un jardín. Si el jardín está plagado de malezas nocivas, podemos estar seguros de que la razón es que el jardinero divino está ausente. En cambio, si aparecen los buenos frutos de la santidad cristiana, sin duda es el quien los está haciendo crecer, porque «por sus frutos los conoceréis», dijo Jesús ().

Juan afirma lo mismo con palabras diferentes. Ya hemos visto que su propósito al escribir su primera carta era el de fortalecer a los verdaderos cristianos en cuanto a su seguridad; también tenía como fin socavar la seguridad falsa o espuria. La forma en que lo hizo fue reunir tres pruebas y aplicarlas repetidamente con todo rigor. Sabemos que conocemos a Dios, escribió, porque creemos en su Hijo Jesucristo, porque obedecemos sus mandamientos, y porque nos amamos unos a otros. De manera que la verdad, la obediencia y el amor son las pruebas. A la inversa, si afirmamos que conocemos a Dios pero, a la vez, negamos a Cristo, no obedecemos sus mandamientos y odiamos a nuestros hermanos, somos «mentirosos», declara con fuerza el apóstol (; 2:4, 22; 4:20).

Está claro, por lo tanto, que Dios quiere que sus hijos estén seguros de que le pertenecen, y que no quiere que nos quedemos en la duda y en la incertidumbre. Tanto es así, que cada una de las tres personas de la Trinidad contribuye a darnos esa certidumbre. El

Mis notas

21 / 125 · 15% del libro

🎙 Nota de voz Sin grabar