Cómo estar seguro de ser cristiano

Página 20

Los comienzos de la vida cristiana

rodillas y pidamos a Dios que nos perdone de inmediato. No es necesario esperar hasta que volvamos a la iglesia, ni siquiera hasta el momento de orar al acostarnos. Más bien deberíamos confesar nuestro pecado inmediatamente, recordando y haciendo nuestra la maravillosa promesa siguiente: «Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad» (). Luego también, el pan y el vino de la comunión nos proporcionarán de manera visible la renovada seguridad del perdón a través de la muerte de Cristo, así como el bautismo nos aseguró una vez para siempre que fuimos justificados.

Demos gracias a Dios por sus promesas de salvación, como también por los signos visibles que las dramatizan; son como los besos que nos aseguran que alguien nos ama.

3. El testimonio de Dios el Espíritu Santo

Ya hemos dicho que nuestra seguridad cristiana descansa fundamentalmente en la obra terminada y completa de Dios el Hijo, quien murió por nuestros pecados, y en la Palabra de Dios el Padre, quien promete salvación para los que confían en el Cristo crucificado. El tercer fundamento es el testimonio —tanto interno como externo— de Dios el Espíritu Santo. Consideremos primero el testimonio interno. Ya hemos mencionado que no es sabio confiar en nuestras propias sensaciones. Dado que fluctúan, los sentimientos son señales poco confiables de nuestro estado espiritual. Con todo, los sentimientos y las sensaciones tienen su lugar en cuanto a proporcionar seguridad al cristiano; no los inestables aleteos de un momento de emoción superficial, sino el firme crecimiento de una convicción que se profundiza. Acerca de esto habla el Nuevo Testamento. Esto es lo que hace el Espíritu que mora en el creyente. A veces exageramos su tarea de remorder la conciencia y hacer que tomemos conciencia de nuestro pecado. Por cierto, que lo hace. Pero también es suya la obra de gracia que consiste en apaciguar nuestra conciencia, calmar nuestros temores, y neutralizar nuestras dudas dándonos seguridad.

En Romanos, Pablo alude dos veces a esta obra interior del Espíritu. En escribe en estos términos: «Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado», y en agrega que «el Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios», especialmente cuando nos impulsa a exclamar, «¡Abbá, ¡Padre!» (versículo 15) ¿Acaso no somos profundamente conscientes, en ciertas ocasiones, de que Dios ha derramado su amor sobre nosotros, que esa vieja tensión y fricción

Mis notas

20 / 125 · 15% del libro

🎙 Nota de voz Sin grabar