Nacidos de nuevo
Los escritores del Nuevo Testamento tienen otro modo de enseñar esta distinción entre el comienzo y la continuación de la vida cristiana. Nos dicen que cuando Jesucristo se convierte en nuestro Salvador y Señor, no sólo somos justificados sino también regenerados, o sea que hemos nacido de nuevo. Tenemos aquí otra comparación. Nos hemos alejado de los tribunales judiciales y, en cambio, hemos ingresado en la sala de la maternidad. Lo que tenemos a la vista ahora no es un preso que acaba de ser absuelto, sino un bebé que acaba de nacer. ¿Cuánto tiempo le lleva nacer al bebé? Nada más que unos minutos. Desde luego que el nacimiento va precedido de meses de preparativos, y que los dolores de parto pueden durar varias horas, pero el nacimiento mismo es un momento de crisis repentino y casi instantáneo. Una vida nueva e independiente hace su presentación en el mundo. No obstante, si bien el acto de nacer sólo le lleva unos cuantos minutos al bebé, quizá le lleve a la persona unos veinticinco años alcanzar la plena madurez física y emocional. A la dramática crisis del nacimiento sigue un laborioso proceso de crecimiento. Así pues, lo que el crecimiento es al nacimiento, la santificación es a la justificación. La justificación y la regeneración se dan juntas cuando somos unidos a Cristo por la fe, seamos o no conscientes de lo que está ocurriendo; la santificación y el crecimiento, por otro lado, llevan tiempo.
El propósito general de Dios es que todos los seres humanos crezcan física, mental y emocionalmente. Resulta muy triste cuando una persona experimenta algún retraso en cualquiera de estas áreas. Es igualmente triste cuando un cristiano se paraliza el crecimiento espiritual. Hay cientos de personas en las iglesias que nunca han salido de la guardería infantil. Para Pablo son «apenas niños en Cristo» (), mientras que su ambición era «presentarlos a todos perfectos en él» ().
Normalmente, un niño se siente orgulloso de crecer. Todavía recuerdo la emoción que sentí cuando por primera vez me puse pantalones largos en lugar de los pantalones cortos de la infancia. Es una señal muy saludable el que un cristiano que acaba de nacer de nuevo manifieste ese mismo anhelo de llegar a la madurez. El unirnos a una iglesia es un paso importante para todos, especialmente si lo entendemos como un nuevo comienzo, antes que un fin en sí mismo. Me vienen a la memoria las palabras de Winston Churchill en 1942, inmediatamente después de la batalla de El Alamein, en Egipto. Rommel y Afrika Korps habían sido derrotados; se habían tomado 30.000 prisioneros; y se había obtenido la primera victoria de la guerra. Cuando fue invitado al banquete del nuevo intendente de Londres,