Churchill dijo: «Señores, esto no es el fin. Ni siquiera es el comienzo del fin. Pero quizá sea el fin del comienzo». Una ruidosa aclamación siguió a esta histórica afirmación. Sea que estemos pensando en la conversión, en el bautismo, o en hacernos miembros de la iglesia, espero que podamos ser igualmente entusiastas en la celebración de dicho acontecimiento como el comienzo de una vida nueva.
Las áreas del crecimiento
Los escritores del Nuevo Testamento se expresan con mucha precisión en cuanto a las áreas en las que esperan que se manifieste el crecimiento cristiano. Especifican cuatro como las principales.
La fe
Primero, hemos de crecer en la fe. Por supuesto que la fe es una característica indispensable del cristiano. Con frecuencia se identifica a los cristianos como «creyentes», y para Jesús el discípulo era «el que cree en mí». ¿Qué es la fe? No es ni credulidad ni superstición. La fe es confianza. Los cristianos son creyentes porque han puesto su confianza en Jesucristo como su Salvador, y porque toman a Dios al pie de la letra y confían en sus promesas. Esto demuestra porque la fe, si bien va más allá de la razón, nunca está en contra de ella. Lo razonable de la confianza depende de la confiabilidad de la persona en la que se confía, y no hay persona más confiable que el Dios que se ha revelado en Cristo.
La fe no es algo estático, sin embargo, debe ser viva y debe crecer. En cierta ocasión Jesús reprendió a sus apóstoles por «[tener] tan poca fe», si bien agregó más tarde que si tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrían hacer grandes cosas para Dios (). En otra ocasión acudieron a Jesús y le dijeron: «¡Aumenta nuestra fe!» (). Y en dos oportunidades habló acerca de lo «grande» de la fe que le mostraron algunas personas (; 15:28). Resulta claro por estos versículos que hay diversos grados de fe. Es pequeña al comienzo, pero puede ir en aumento hasta hacerse fuerte. A medida que vamos leyendo la Biblia, meditamos en la absoluta confiabilidad del carácter de Dios y sometemos a prueba sus promesas, nuestra fe va enriqueciéndose. Lo que Pablo les escribió a los tesalonicenses debería ser una realidad para todos: «Su fe se acrecienta cada vez más» ().