Cómo crecer en la vida cristiana

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Los comienzos de la vida cristiana

El hogar feliz

Así como es esencial para el niño una dieta apropiada también lo es la seguridad que ofrece un hogar feliz. Los psicólogos y los psicoterapeutas hablan mucho acerca de la influencia (para bien o para mal) del entorno familiar en el desarrollo emocional temprano.

El propósito de Dios es que los niños nazcan y se críen en el seno de una familia estable y amorosa. Su ideal para los cristianos nuevos es el mismo. Muchos tenemos un concepto excesivamente individualista de la vida cristiana. «Cristo murió por mí», decimos. Y, si bien esto es cierto y bíblico (), no es toda la verdad. También murió «por nosotros para ... purificar para sí un pueblo elegido» (). De manera que cuando nacemos de nuevo, no ocurre en un hospital espiritual aislado por cuarentena. Por el contrario, nacemos en el seno de la familia de Dios. Él es nuestro Padre celestial, Cristo Jesús es nuestro hermano mayor, y todos los demás cristianos en todo el mundo, cualquiera sea su lugar, su raza, su país y su denominación, son nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Por lo tanto, si queremos crecer y alcanzar una madurez cristiana sana, sólo podremos hacerlo en el seno de la familia de Dios. Ser miembro de una iglesia no es un lujo, algo opcional o adicional; es un deber y una necesidad. Intentar eludir este deber y esta necesidad es una deplorable insensatez y un pecado.

Al decir esto, estoy suponiendo, desde luego, que nuestra iglesia local ofrece comunión genuina, que se trata de una iglesia cuyos miembros se sienten unidos por lazos de apoyo y cuidado mutuo. Con demasiada frecuencia falta esta clase de vida y amor. Alguien que llamó la atención a esto fue el doctor Hobart Mowrer, el fallecido profesor emérito de psiquiatría de la Universidad de Illinois. Era un conocido crítico de Freud, promotor de lo que llamaba «grupos de integración». Hace algunos años accedió amablemente a dedicar tiempo a algunos amigos y a mí, porque queríamos hacerle algunas preguntas. Nos dijo que no era cristiano. Tenía con la iglesia lo que describió como «una disputa, como la de un amante con la iglesia». Se quejaba de que la iglesia le había fallado cuando era adolescente, y que seguía fallándoles a sus pacientes. ¿Qué quiere decir? le preguntamos. «Es que la iglesia, nos contestó, «nunca ha aprendido el secreto de la vida comunitaria». Es probable que la iglesia se trate de la crítica más grave acerca de la iglesia que jamás se haya oído. De hecho, son muchas las iglesias que si han aprendido el significado y las exigencias de una comunidad de amor. Pero otras no lo han hecho y, en eso el profesor Mowrer tenía razón.

Mis notas

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