Cómo llegar a ser cristiano

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Los comienzos de la vida cristiana

oro. Todo lo cual está muy bien y es muy noble, pero la esencia del cristianismo no es la ética. Desde luego, tiene una ética, incluso la ética más elevada que el mundo jamás haya conocido, con su ley suprema del amor. Con todo, es posible vivir una vida recta y no ser cristiano, como pueden demostrar muchos agnósticos.

Tercero, el cristianismo no es fundamentalmente un culto, empleando este término en el sentido de «un sistema de adoración religiosa», ni un núcleo de ceremonias. Por supuesto que el cristianismo tiene ciertas observancias. El bautismo y la santa comunión, por ejemplo, fueron instituidos por Jesús mismo, y siempre han sido disfrutados por la iglesia desde entonces. Ambos son preciosos y provechosos. Más todavía, ser miembro de la iglesia y asistir a los cultos constituyen partes necesarias de la vida cristiana; también lo son la oración y la lectura de la Biblia. Pero es posible participar en todas estas prácticas y, no obstante, no comprender qué es lo central del cristianismo. Los profetas del Antiguo Testamento denunciaban constantemente a los israelitas por su religión hueca, y Jesús criticaba a los fariseos por la misma razón.

De manera que el cristianismo no es un credo, ni un código, ni un culto, por importantes que sean todos ellos en el lugar que les corresponde. En esencia no es un sistema intelectual, como tampoco un sistema ceremonial. Pero debemos ir más lejos todavía. El cristianismo no lo constituyen estas tres cosas juntas. Es perfectamente posible (si bien raro por lo difícil) ser ortodoxo en las creencias, recto en conducta, y cumplir las observancias religiosas a conciencia, y no obstante pasar por alto la médula del cristianismo.

El club santo de John Wesley

Tal vez el mejor ejemplo histórico de esto sea Juan Wesley en sus días en Oxford, antes de su conversión. Él, su hermano Carlos, y algunos de sus amigos, fundaron una sociedad religiosa en 1729, sociedad que con el tiempo se hizo conocer como el Club Santo. Al parecer sus miembros eran personas admirables en todo sentido. Primero, eran ortodoxos en cuanto a su fe. No sólo aceptaban el «Credo apostólico», el «Credo Niceno», y el «Credo de Atanasio», sino también los «Treinta y nueve artículos» de la Iglesia de Inglaterra.

Segundo, vivían una vida impecable. Se reunían varias noches por semana, estudiaban libros instructivos, y procuraban perfeccionar su agenda diaria, de tal manera que cada minuto del día tuviese una actividad responsable. Luego comenzaron a visitar a los presos en el Castillo de Oxford y en el Bocardo (cárcel para deudores). Luego fundaron una

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