Creemos en el Espíritu Santo

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Las creencias del cristiano

aconteció en Pentecostés fue que el remanente del pueblo de Dios se convirtió en el cuerpo de Cristo, cuando fue lleno del Espíritu.

La iglesia de Cristo es esencialmente una comunión, una koinōnía, palabra que expresa lo que tenemos en común (koinos) como pueblo de Dios. En realidad, se trata esencialmente de la comunión del Espíritu, porque es nuestra común participación en él lo que nos une. Si él vive en ti y en mí, su presencia en nosotros nos ha hecho uno. Es posible que no nos hayamos encontrado nunca, ni que hayamos oído hablar el uno del otro, pero el Espíritu Santo nos ha unido, «Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu», escribió Pablo (). Podría haber dicho, «hay un solo cuerpo porque hay un solo Espíritu, ya que es ese solo Espíritu el que crea y da vida a ese cuerpo único, el cuerpo de Cristo.

De modo que, en un sentido, la iglesia no está dividida y no puede estarlo. Incluso nuestras divisiones externas no la despedazan, porque ese solo Espíritu mora en ella. Los muelles de un puerto pueden dividirlo en secciones, de modo que los barcos se encuentren separados entre sí, pero el mismo mar va y viene por debajo. Nuestras denominaciones, que son una creación humana, también nos separan exteriormente en forma visible, pero interiormente y de manera invisible nos une la marea del Espíritu. El Credo Niceno caracteriza a la iglesia como «una, santa, católica, y apostólica», las cuatro «marcas» o «notas» clásicas de la iglesia. Y son verdaderas. La iglesia es una y santa porque el Espíritu Santo la ha unido y la ha santificado, apartándola para ser propiedad de Dios, aun cuando en la práctica a menudo se encuentre desunida y poco santa. La iglesia es también católica (porque abarca a todos los creyentes y toda la verdad) y apostólica (porque da a conocer la enseñanza de los apóstoles y se dedica a la misión), aun cuando en la práctica frecuentemente niegue la fe que debería profesar y la misión a la que debería entregarse;

Al mismo tiempo, no debemos escudarnos en la afirmación de que la iglesia es «una, santa, católica y apostólica» como excusa para consentir su desunión, su impureza, su sectarismo y su inactividad. Por el contrario, nuestra visión del ideal debería inspirarnos a procurar llegar a una aproximación cercana a la realidad de dicho ideal. Al procurarlo, también deberíamos recordar que la comunión de los santos», aspecto que el credo menciona a continuación. Esto significa que la iglesia militante en la tierra y la iglesia triunfante en el cielo, aun cuando no puedan establecer comunicación activa entre ellas, siguen estando unidas por el Espíritu, especialmente cuando nuestra adoración se entrelaza con la de ella.

Mis notas

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