6. El servicio cristiano
El Espíritu Santo no sólo se ocupa de unir, sino también de «edificar» o construir la iglesia. Con este propósito, proporciona a los miembros de la iglesia toda una diversidad de dones. Pablo explica esto describiendo a la iglesia como el cuerpo de Cristo. Así como el cuerpo humano es uno, escribe, pero tiene muchos miembros (extremidades y órganos), cada uno con una función diferente, así también el cuerpo de Cristo es uno aunque sus miembros han sido dotados de diferentes dones. Es importante distinguir entre el «don» del Espíritu (es decir, el Espíritu Santo mismo quien nos ha sido dado) y los «dones» del Espíritu (es decir, las aptitudes que otorga a la iglesia, dados a todos y es este don el que confiere unidad a la iglesia; el Espíritu distribuye diferentes dones entre todos, lo cual aporta a la iglesia la diversidad necesaria.
Es frecuente que se hagan varias preguntas acerca de los dones del Espíritu o jarismata. Primero, ¿en qué consisten? Hay cuatro listas de ellos en el Nuevo Testamento: ; ; y . Los dones suman alrededor de veintiuno, pero estas listas están tan poco estructuradas que parecerían selectivas más que exhaustivas. Es probable que haya muchos otros dones que no se mencionan. Algunos son sobrenaturales (por ejemplo, los milagrosos: ), pero otros no lo son, e incluso son bastante terrenales (por ejemplo, dones de administración: ; dar dinero o mostrar compasión: ). Muchos parecerían ser habilidades naturales que se intensifican y cristianizan.
Segundo, ¿cuál es su propósito? Son dados para servicio. Cada una de las cuatro listas enfatiza que han sido dados para ser usados para el bien común, de modo que la iglesia sea edificada y alcance la madurez.
Tercero, ¿cuáles son los dones más importantes? Por cuanto han sido dados para la edificación de la iglesia, debemos evaluarlos según el grado en que cumplen dicha función. Siguiendo este criterio me parece que deberíamos recalcar los dones de enseñanza, porque nada hay que alimente más a la iglesia como la verdad. Cualesquiera sean nuestros dones (y se da a entender que cada miembro del cuerpo de Cristo tiene por lo menos uno), no debemos desvalorizar nuestro don y sentir celos por los de otros, tampoco despreciar los dones de otros creyentes, a la vez que jactarnos del nuestro (). Nos libraremos de estas actitudes necias (y especialmente sobrevaloración de los dones más