espectaculares) si estamos llenos del amor de Cristo, en comparación con lo cual todos los dones no valen nada (1 Corintios 13).
7. La misión cristiana
El mismo Espíritu Santo que santifica, une y edifica a la iglesia es también el que se ocupa de evangelizar al mundo. Porque esencialmente es un Espíritu misionero. Esto lo deja bien en claro la enseñanza de Jesús. Él prometió cierto día que ríos de agua viva correrían de dentro de cada creyente, y Juan agregó que se refería al Espíritu Santo (). William Temple comentó este versículo de la siguiente manera: «Nadie puede poseer (o más bien ser morada de) el Espíritu de Dios, y a la vez guardarse ese Espíritu para sí mismo. Donde está el Espíritu, corre libremente; si no hay corriente alguna, es que él no está allí».
Lo que Cristo enseñó en este versículo está abundantemente ilustrado en Hechos. Allí por primera vez vemos el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés, y luego vemos que impulsa a su pueblo como testigo en círculos cada vez más amplios, comenzando en Jerusalén, la capital del mundo judío, y terminando en Roma, la capital del mundo conocido. «El libro de Hechos es estrictamente un libro misionero», escribió aquel notable misionero Roland Allen. «La conclusión es irresistible en el sentido de que el Espíritu que fue dado ... es de hecho un Espíritu misionero». Esta, sigue diciendo, es «la gran enseñanza, fundamental e inequívoca, de este libro». Y concluye que nosotros también «debemos ser misioneros ... a menos que estemos dispuestos a negar al Espíritu Santo de Cristo tal como está revelado en Hechos».
Ahora bien, no creo que Roland Allen pensara que todos los cristianos tienen que ser misioneros transculturales en el sentido técnico y profesional, si bien es cierto que este es un llamado grande y honroso para algunos. Creo que quería decir que todos somos llamados a ser testigos de Jesucristo —en el hogar, en el trabajo, entre nuestras amistades y vecinos— y que para esta tarea el poder del Espíritu Santo resulta indispensable (). La iglesia local también ha de estar comprometida con la misión, tanto la misión local que procura alcanzar a los que viven cerca del templo como la misión global a la que apoya mediante oración y dinero.
Muchos cristianos eluden la responsabilidad del testimonio porque por naturaleza tendemos a ser tímidos y reservados. Pero el Espíritu Santo puede darnos coraje. Él capacitó a pescadores tímidos e incultos para que hablaran con valentía de Jesús ().