alta. Cuando los hijos comienzan a irse del hogar, procuremos mantener contacto por carta, visitas o llamadas telefónicas.
Luego, cuando los padres queden solos, y sean ancianos, saben que no serían olvidados. Si uno o dos miembros de la familia son cristianos, mientras que otros no lo son, seguramente anhelarán presentarles a Cristo, no predicando sermones, sino mediante sus oraciones específicas y mediante un comportamiento correcto y generoso, en tanto esperan la oportunidad para hablar con humildad y naturalidad acerca de Cristo.
El ministerio cristiano es más amplio que esto, pero es una verdad indiscutible que «la caridad comienza por casa».
El ministerio cristiano en el trabajo
El lugar de trabajo es la segunda esfera en la que somos llamados a servir, a ejercer un ministerio cristiano. Algunos creyentes entienden esto como evangelización. Es decir, ven su trabajo principalmente como una oportunidad de dar testimonio a sus colegas o compañeros de tareas. Lo es, por cierto, especialmente si esa persona es la única que profesa la fe cristiana en el negocio o en la fábrica, y siempre que su testimonio esté respaldado por la calidad de su trabajo. Pero nuestras actividades cotidianas tienen su propio valor como formas de ministerio cristiano, independientemente de la evangelización. Nos hace falta una filosofía cristiana del trabajo.
Comencemos en Génesis 1, donde Dios se representa a sí mismo como un trabajador consciente, creativo, diligente y responsable. Habiendo hecho el mundo, sigue supervisándolo, sosteniéndolo y renovándolo. Luego, cuando creó los seres humanos a su propia imagen, los hizo trabajadores creativos también. Tener presente que cuando trabajamos somos semejantes a Dios agrega honor y dignidad a nuestras labores. El trabajo nos hace adquirir mayor importancia todavía porque nos permite beneficiar a otros, podemos ganarnos la vida y así sostener a nuestra familia y ayudar a los necesitados, y también contribuye al bien común.
Hay, no obstante, una visión más elevada del trabajo. Dios quiere que lo veamos como una mayordomía encargada por él, incluso como una sociedad integrada con él, para la que él nos ha designado. Él hizo la tierra, y luego dijo a los seres humanos que la subyugaran y la gobernaran (). Dios plantó un huerto, y luego puso a Adán