El servicio para Cristo

Página 106

La vida del cristiano

El ministerio cristiano en el vecindario

Además del hogar y el trabajo, los cristianos pertenecen a dos comunidades particulares: su iglesia local (que acabamos de considerar) y su vecindario inmediato. Es adecuado que haya alguna superposición geográfica entre ellas, la cual ocurre si vivimos en o cerca de la zona donde se ubica nuestra iglesia. El «cristianismo viajero» (el que supone viajar grandes distancias para ir a la iglesia los domingos) es inevitable en algunas situaciones, pero tiene la seria desventaja de separar la vida de iglesia del hogar y el vecindario.

Todos los discípulos de Jesús hemos sido «[enviados] al mundo» por él (). ¿Cuál es, por consiguiente, el «mundo» al que nos ha enviado? ¿Y para qué fin nos ha enviado allí? «El mundo» no significa necesariamente el planeta tierra, aunque es cierto que tenemos una responsabilidad global, y la vamos a considerar en la sección siguiente. Significa más bien cualquier parte de la comunidad humana, cercana o lejana, que no conoce ni honra a Dios. En la Biblia, y especialmente en los escritos de Juan, «el mundo» generalmente significa lo que llamamos «la sociedad secular», no cristiana. Allí nos envía Jesús. No tenemos libertad para mantenernos en la seguridad de los edificios de la iglesia, ni en la agradable atmósfera de la fraternidad que ella nos ofrece. Naturalmente que si nuestro lugar de trabajo es un entorno no cristiano, en la práctica ya vamos «al mundo» todos los días. Y lo mismo puede aplicarse al hogar y la familia.

Sal y luz

Pero, ¿por qué manda Jesús a sus seguidores a ir al mundo? La razón que nos dio en el Sermón del Monte es que quiere que seamos tanto «sal» como «luz» (). Ambas comparaciones indican que los cristianos han de saturar la sociedad no cristiana, así como la sal se difunde por la carne y la luz brilla en la oscuridad. Ambas metáforas enseñan que Cristo espera que cicremos influencia y cambiemos la sociedad, así como la sal inhibe la descomposición bacteriana, y la luz reduce y hasta desaloja las tinieblas. Juntas estas metáforas ilustran la misión de la iglesia. Como sal, debemos mantener con firmeza los valores y las normas del reino de Cristo que ayudemos a impedir el deterioro social. Y nuestra luz (que es la luz de Cristo y su evangelio) debe brillar de tal manera que por medio de nuestras palabras y obras la gente llegue a creer en él.

Mis notas

106 / 125 · 85% del libro

🎙 Nota de voz Sin grabar