De manera que el fundamento primero y principal de nuestra seguridad, por tratarse del único fundamento para la salvación, es «la obra terminada de Cristo». Toda vez que nuestra conciencia nos acuse, y nos sintamos agobiados por un sentido de culpa, es preciso que apartemos la vista de nosotros mismos y pongamos la mirada en el Cristo crucificado. Así volveremos a tener paz. Porque la aceptación de nuestra persona delante de Dios no depende de nosotros, y de lo que pudiéramos hacer nosotros mismos, sino enteramente de Cristo, y de lo que él ya ha hecho de una vez y para siempre en la cruz.
2. La Palabra de Dios Padre
Aceptando que la base fundamental de la certidumbre cristiana es la obra terminada de Dios el Hijo, ¿cómo podemos saber que cuando ponemos nuestra confianza en el Cristo crucificado recibimos perdón y comenzamos una vida nueva? Lo sabemos porque lo dice Dios. La segura Palabra de Dios el Padre apoya y garantiza la obra terminada de Dios el Hijo. Juan lo expresó así: «Aceptamos el testimonio humano, pero el testimonio de Dios vale mucho más, precisamente porque es el testimonio de Dios, que él ha dado acerca de su Hijo ... El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida» (). El Padre ha aceptado el sacrificio que el Hijo ha efectuado por nuestros pecados. Demostró públicamente su aprobación al levantarlo de entre los muertos y colocarlo a su diestra. Y ahora promete otorgar vida eterna a quienes confíen en él. Creer lo que Dios dice no nos guiaría como soberbios. Al contrario, sería presuntuoso ponerlo en duda: «El que no cree a Dios lo hace pasar por mentiroso, por no haber creído el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo» ().
Por lo tanto, si nuestra certidumbre descansa fundamentalmente en la Palabra de Dios acerca de la obra de Cristo, no dependerá de nuestras sensaciones. Las sensaciones constituyen un índice poco confiable de nuestra verdadera condición espiritual. Bajan y suben como el subo y baja de los niños, justamente; o como el balanceo del columpio. Ascienden y descienden como el barómetro, y suben y bajan como la marea del mar. Nuestro estado de ánimo depende mucho de nuestra salud. Los sentimientos también reflejan el estado de nuestra cuenta bancaria, la proximidad de las vacaciones, y el peso de los problemas y las responsabilidades que tenemos que enfrentar. Es por ello que la Biblia y las biografías cristianas contienen muchos relatos sobre creyentes que han aprendido a desconfiar de sus sensaciones o sentimientos y a confiar, en cambio, en las promesas de