Cómo estar seguro de ser cristiano

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Los comienzos de la vida cristiana

Dios. Los sentimientos fluctúan, pero «la palabra del Señor permanece para siempre» (, que cita a ).

Las promesas de Dios

Los cristianos sabios aprenden de memoria el mayor número posible de las «preciosas y magníficas promesas de Dios» (), y las atesoran en la mente. Es bueno hacerlo, porque en tiempos de ansiedad, de indecisión, de soledad, o de tentación, podremos recordar una promesa apropiada, apoyarnos en ella, y centrar nuestros pensamientos en ella. Al final de este capítulo ofrezco una lista de promesas de Dios. Puede resultar útil comenzar a aprenderlas de memoria. Desde luego que tenemos que tomar debida nota de las circunstancias en las que Dios hizo cada una de esas promesas, a fin de no sacarlas de su contexto. Ese es el problema de las antiguas «cajitas de promesas». Las cajitas contenían promesas bíblicas, cada una de las cuales aparecía impresa en un pequeño trozo de papel, enrollado y atado con una pequeña cinta. Los creyentes sacaban una promesa cualquiera, sin tener en cuenta la situación original en la que había sido hecha. Por contraste con este método azaroso, es preciso que nos aseguremos de que una promesa pueda aplicarse legítimamente a la situación por la que atravesamos. Así podremos, con humildad, pero también confiadamente, hacerla nuestra, y, de este modo «[imitar] a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas» ().

Esta es la lección que Cristiano aprendió en esa gran alegoría de Bunyan titulada El progreso del peregrino. Cristiano y su compañero Confiado se encontraron cierto día en el «Castillo de la duda», como prisioneros del cruel y despiadado gigante Desesperación. Fueron pasando los días, y no parecía haber posibilidad alguna de escapar, hasta que una noche, mientras oraban, Cristiano hizo un descubrimiento maravilloso, que de inmediato compartió con Confiado: «¡Qué estúpido soy de estar tirado en un inmundo calabozo, cuando en realidad puedo caminar con toda libertad! Tengo una llave, llamada Promesa, que con seguridad puede abrir cualquier cerrojo del "Castillo de la duda"». Valiéndose de esa llave, «la puerta se abrió de par en par sin dificultad», y los prisioneros «escaparon velozmente».

Consciente de la debilidad de nuestra fe, Dios no nos ha dado las promesas del evangelio en forma cruda o desnuda; las ha «envuelto» en signos visibles y tangibles: el bautismo y la cena del Señor. Una de las principales funciones de estos signos consiste en despertar, orientar, y fortalecer nuestra fe. Para simplificar podríamos decir que ambos signos

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