Cómo crecer en la vida cristiana

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Los comienzos de la vida cristiana

a favor de sus conversos era «para que sepan» (; 3:19; ; ).

Al mismo tiempo, es preciso que recordemos que el concepto hebreo del conocimiento nunca era puramente intelectual. Se extendía más allá del «entendimiento» hasta alcanzar la «experiencia». Esto es particularmente cierto en cuanto al conocimiento de Dios. Ya hemos visto que conocer a Dios en Jesucristo, hecho que constituye la esencia de ser cristiano, equivale a una relación viva y personal con él. Como todas las relaciones, ha de ser dinámica y creciente a la vez. Si no se la nutre, se marchita y finalmente muere. Resulta notable, por lo tanto, que en el mismo pasaje en el que Pablo se refiere al «incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor», también escribe que anhela saber más, y el poder de su resurrección (). Lo que anhela para sí mismo, también anhela, naturalmente, para otros, y ofrece oración para que continuamente «[crezcan] en el conocimiento de Dios» (). Pedro comparte este mismo anhelo. Alienta a sus lectores a «[crecer] en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» ().

La santidad

En cuarto lugar, hemos de crecer en santidad. Crecer en santidad es lo que se denomina «santificación», tema en el cual comenzamos a pensar al comienzo del presente capítulo. Pablo nos ofrece una afirmación sumamente ilustrativa sobre este tema: «Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu» (). Podemos aprender por lo menos cuatro lecciones vitales a partir de este versículo.

1. La santidad consiste en asemejarnos a Cristo, y la santificación es el procedimiento que consiste en ser transformados (el verbo metamorfoo se utiliza para la transfiguración de Jesús) a su imagen. Me encanta la canción que a veces cantan los niños: «Como Jesús, como Jesús, quiero ser como Jesús. Le amo tanto que quiero crecer igual que Jesús día tras día».

2. La santificación es un proceso gradual, como queda claro mediante el empleo de un tiempo verbal que expresa continuidad («somos transformados») y por la expresión

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