«con más y más gloria». Si bien es cierto que algunos hábitos malos desaparecen instantáneamente cuando Cristo entra en nuestra vida, no nos volvemos maduros en un abrir y cerrar de ojos. El temperamento no se domina, ni se controlan las pasiones, como tampoco se doblega el egoísmo de un momento para otro. En cambio, se nos estimula a «[seguir] progresando en el modo de vivir que agrada a Dios» ().
3. La santidad es obra del Espíritu Santo. Por ser santo, le interesa promover nuestra santidad. El secreto de la santificación no está en luchar para vivir como Cristo, sino en que Cristo se presenta por medio de su Espíritu para vivir en nosotros. «El carácter cristiano no se logra mediante una laboriosa adquisición de virtudes desde fuera, sino mediante la expresión de la vida de Cristo desde dentro».
4. Nuestra parte consiste en contemplar «con rostro descubierto» la gloria del Señor y reflejarla. Y dado que es en las Escrituras donde se revela con mayor claridad su gloria, nuestra «contemplación» significa buscarle allí con el fin de ofrecerle adoración.
El alfarero divino
De modo que, cambiando la metáfora, tenemos que dejar que el divino Alfarero cumpla su deseo en nosotros, a fin de que pueda forjar, sobre la base de la pobre arcilla de nuestra naturaleza caída, un cántaro hermoso, digno de ser usado por él. O, para cambiar nuevamente la metáfora, podemos decir que el Carpintero de Nazaret sigue activo con sus herramientas. Ya valiéndose del formón del dolor, ya del martillo de la aflicción, ya del cepillo de las circunstancias adversas, como también mediante las experiencias de gozo, nos va dando forma, convirtiéndonos en instrumentos de justicia. Lo expresa muy bien una antigua y original oración:
Oh Jesús, Maestro carpintero de Nazaret, quien en la cruz, mediante madera y clavos, has obrado la plena salvación del hombre, empuña bien tus herramientas en este tu taller, a fin de que nosotros, que acudimos a ti cortados en forma basta, seamos convertidos en algo verdaderamente bello por tu mano, quien con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas, un solo Dios, por toda la eternidad.
Mi consejo es que seas paciente, pero a la vez decidido. No te desanimes. Mantén disciplina en tu vida cristiana. Sé diligente en tu oración cotidiana y en la lectura de la Biblia, en la asistencia al culto y en la asistencia a la cena del Señor. Haz buen uso de los domingos.