Creemos en Dios Padre

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Las creencias del cristiano

todos judíos, que (a diferencia del politeísmo de otros pueblos) se habían criado creyendo en un solo Dios, quien era tanto el Creador del mundo como el Dios del pacto con Israel. Pero se encontraron con Jesús. Al pasar tiempo en su presencia, al escuchar sus palabras y observar su actuación, se fueron convenciendo de que él era el Mesías, y más todavía, porque perdonaba los pecados de la gente, e incluso afirmaba que él era el Juez del mundo. Instintivamente, tuvieron conciencia de que él era digno de su adoración; en otras palabras, de que era Dios. Sin embargo, no era el Padre, porque hablaba sobre el Padre, y dirigía oraciones al Padre. Luego comenzó a hablarles acerca de otra persona, a la que llamaba «el Consolador» o el Espíritu de verdad, quien tomaría su lugar una vez que él se hubiera ido, aquel que efectivamente se hizo presente el día de pentecostés con la plenitud de la gracia y el poder divinos. De modo que fueron los hechos que ellos mismos observaron los que llevaron a los apóstoles a creer en la Trinidad. Estos acontecimientos y experiencias de carácter histórico no les dejaron otra alternativa.

La teología

Segundo, tenemos el enfoque de la teología. El problema principal en los primeros siglos del cristianismo fue conciliar la unidad de Dios con la deidad de Jesús y su carácter distintivo. Es decir, creer que Jesús es divino y distinto del Padre, sin que eso signifique la existencia de dos deidades. Todos ellos comenzaron con la unidad de Dios. «El Señor nuestro Dios es el único Señor», sostenían (citando ). Nunca se debilitó la creencia en un sólo Señor. Pero luego se dividieron. Algunos procedieron a sostener la deidad de Jesús. Si Dios es uno y Jesús es divino, decían, y no podemos tener dos dioses, entonces Jesús no puede haber sido distinto del Padre. Tuvo que haber sido la misma persona que el Padre, pero se reveló de forma diferente, de manera que Dios fue primero el Padre, luego el Hijo, y finalmente el Espíritu Santo. Estos eran los sabelios (seguidores de Sabelio, un presbítero de Roma del siglo III). El error de estos teólogos consistía en negar que Jesús y el Espíritu fueran eternamente distintos del Padre.

Otros siguieron un camino diferente y también errado. Llegaron a la conclusión de que, si Dios es uno y Jesús es eternamente distinto del Padre, y dado que no podemos tener dos dioses, entonces Jesús no pudo haber sido plenamente divino. Tuvo que haber sido un ser creado, sumamente superior, pero no Dios. Estos eran los arrianos (seguidores de Arrio, un presbítero de Alejandría de comienzos del siglo IV). Su error consistió en negar que Jesús fuese divino.

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