«Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra» (). «... hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos» (Éxodo 20:11), «no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede» (). Notamos que en todos estos versículos es el hecho de la creación divina lo que se enseña, sin ninguna parte nos explica cómo lo hizo, excepto que todo adquirió existencia por la voluntad de él (); tal como está expresado en su Palabra (; ; ). Hoy muchos cristianos aceptan alguna variante de la teoría de la evolución, siempre que no deje afuera a Dios ni ofrezca una explicación puramente mecanicista del origen y desarrollo de la vida.
Tampoco podemos considerar a los seres humanos como nada más que animales altamente evolucionados, porque Génesis 1 y 2 afirman la creación especial de Adán y Eva a imagen de Dios, es decir, con un conjunto de facultades distintivas (por ejemplo, razón, conciencia, voluntad, y amor) que nos hacen semejantes a Dios y distintos de los animales. Nuestra propia conciencia de nosotros mismos nos confirma enfáticamente esta verdad bíblica. Otros cristianos quieren extender el concepto de «creación especial» a todo lo que Dios ha hecho, e interpretar los seis días literalmente. Pero probablemente la mayoría de nosotros considera los días como representativos de etapas de creación. La interpretación literal no parece compatible con la forma literaria estilizada de Génesis 1.
En buena medida, la controversia en torno a los primeros capítulos de Génesis, y el debate entre la ciencia y la religión en general, Nosotros los cristianos nos hemos hecho culpables al olvidar que la Biblia no fue ideada por Dios para constituir un texto científico. Lo que digo es que esto que el relato bíblico y el científico acerca de estas cosas sean necesariamente incompatibles. Lo que digo es que no son idénticos, y que se complementan el uno al otro. Sus respectivos propósitos son diferentes. La ciencia se ocupa de «cómo» funcionan las cosas; las Escrituras se ocupan del «por qué» de las cosas.
La Palabra de Dios tiene como fin hacernos cristianos, no científicos, y encaminarnos hacia la vida eterna por medio de la fe en Cristo Jesús. No fue intención de Dios revelar en las Escrituras lo que los seres humanos podían descubrir por métodos científicos. Primero, que