Creemos en el Espíritu Santo

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Las creencias del cristiano

actividad, pero se la describe plenamente en el Nuevo Testamento. Consideraremos siete áreas del ministerio del Espíritu Santo.

1. La conversión cristiana

La experiencia de conversión es, de comienzo a fin, obra del Espíritu Santo. Uno de sus títulos es «Espíritu de la gracia» () porque, al igual que el Padre y el Hijo, siente la sensación de separación de Dios y anhelo de reconciliación, y cada acceso de temor ante el juicio venidero son todos provocados por él. Luego, con los ojos a fin de que podamos ver la verdad, la gloria y el poder salvador de Jesús. Más todavía, su ministerio más característico consiste en dar testimonio de Jesucristo (). Cierto es que nosotros también somos llamados a ser testigos suyos, pero nuestro testimonio el nuestro sería vano. El Espíritu Santo es el testigo principal, y sin su testimonio el nuestro sería vano. Habiéndonos hecho ver nuestro pecado, y habiéndonos mostrado nuestro Salvador, el Espíritu Santo nos impulsa a arrepentirnos y a creer, y de este modo a experimentar el nuevo nacimiento. Porque nacer de nuevo es «[nacer] del Espíritu» (). Es él quien da vida a los que anteriormente estaban muertos en sus transgresiones y pecados (); con justicia el Credo Niceno le llama «el Señor, el Dador de la vida».

2. La certidumbre cristiana

El Espíritu Santo habita en quienes han nacido de nuevo, y su presencia en nosotros es el «sello de Dios, que indica que ahora somos suyos (; ; 4:30). A la inversa, «si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo» (). Además de constituir una indicación objetiva de que pertenecemos a Dios, el Espíritu que mora en nosotros nos asegura en forma activa que contamos con el amor de Dios y su paternidad (; 8:16). Pero hay algo más todavía. El Espíritu no sólo sella nuestros privilegios presentes, y da testimonio de ellos; es al mismo tiempo la garantía de nuestra futura herencia (; ). El vocablo griego para «garantía» es arrabōn, cuyo equivalente en griego moderno se usa para el anillo de compromiso, la promesa de casamiento. En el griego del primer siglo, empero, se usaba comercialmente para

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