Además, el culto que Dios exige no es simplemente que digamos oraciones y cantemos himnos en la iglesia. Estas cosas no le resultan agradables a Dios en sí mismas, sino solamente si lo que expresamos con palabras durante una hora en la iglesia es una representación del homenaje continuo y completo de lo que alberga nuestro corazón. Somos llamados a poner a Dios primero, siempre y en todo. En el libro de Apocalipsis se nos ofrece un vistazo del trono de Dios ocupa el lugar central, que es el símbolo de su dominio soberano, y todo lo demás aparece relacionado con esto (Apocalipsis 4–7). Somos llamados a anticipar en la tierra la vida celestial centrada en Dios. Este es el significado de la santidad a la que apunta el compromiso moral en la vida cristiana.
2. No te hagas ningún ídolo, ni nada que le guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra... Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones.
El primer mandamiento exige que el culto a Dios sea exclusivo, y el segundo exige que sea tanto verdadero como espiritual (la idolatría nunca lo es). Es muy posible que Jesús estuviese aludiendo a esto cuando dijo: «Se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» ().
Primero, en lugar de adorar a Dios «en verdad» (alabándole por ser quien es, de acuerdo con su propia revelación de sí mismo), los idólatras tienen una idea falsa de él, porque hacen el necio intento de representar al Creador en la forma de alguna de sus propias criaturas (ver ; ). Las imágenes idolátricas son mentales antes de ser materiales, y todo concepto falso e indigno de Dios es un ídolo.
Segundo, en lugar de adorar a Dios «en espíritu» (reconociendo que él mismo es espíritu) y quiere que la adoración sea espiritual), los idólatras se preocupan por objetos externos, visibles y tangibles. Incluso el culto de Israel tendía a deformarse hasta convertirse en rito hueco y aun hipócrita. Los profetas de los siglos VII y VIII eran mordaces y punzantes en su denuncia de la religión hueca de Israel. Más tarde, Jesús aplicó la misma crítica a los fariseos: «Tenía razón Isaías cuando profetizó acerca de ustedes, hipócritas, según está