Compromisos morales

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La vida del cristiano

escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí"» (, ). De modo que cualquier forma externa que empleemos en el culto cristiano (liturgias, dramatizaciones, arrodillarnos o levantar los brazos), es preciso verificar que no merezcan la acusación de idolatría, sino que supere la doble prueba de ser en espíritu y en verdad.

En el segundo mandamiento Dios pasa a describirse como «un Dios celoso». Esto no debe perturbarnos. Los celos evidencian resentimiento entre rivales, y el que esto sea bueno o malo depende de si el rival tiene algún derecho a estar allí. Teniendo en cuenta que Dios es único, y que no hay otro, tiene derecho a pedir que sólo le adoremos a él.

También hace falta un comentario sobre la representación de Dios como el que «castiga a los hijos por el pecado de los padres» durante varias generaciones. Esto se aclara posteriormente en la Biblia cuando dice que Dios hace responsable a cada persona de sus propios pecados (por ejemplo ). A pesar de esto, hay verdad permanente y solemne en lo que dice el mandamiento. Debido a la naturaleza social del mal, el juicio de Dios no puede limitarse a quienes lo practican. Con frecuencia, los niños sufren las consecuencias de los pecados de sus padres. Estas pueden transmitirse físicamente (por enfermedades hereditarias), socialmente (por las tensiones y conflictos en un hogar desdichado), y moralmente (por hábitos aprendidos como consecuencia de un mal ejemplo).

3. No pronuncies el nombre del Señor tu Dios a la ligera. Yo, el Señor, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera.

Hay varias maneras de pronunciar el nombre de Dios «a la ligera» y quebrantar este mandamiento.

El primero y el más obvio se relaciona con el uso de lenguaje impropio. El «nombre» de Dios puede referirse a las palabras por medio de las cuales se ha dado a conocer («Señor», «Dios», «Todopoderoso», «Cristo», «Jesús», etc.), y «tomar en vano» su nombre, como lo expresa Reina–Valera 1995, incluye el uso de cualquier de ellos como insulto. Tal vez no se usa con intenciones blasfemas, pero aun usar el nombre de Dios para jurar es un síntoma evidente de falta de respeto hacia él, y es incompatible con su adoración. Sería bueno examinar de tanto en tanto nuestro vocabulario y, si es necesario, modificarlo.

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