Compromisos morales

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La vida del cristiano

5. Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da Jehová tu Dios.

Algunos comentaristas sugieren que, mientras que los primeros cuatro mandamientos se relacionan con nuestros deberes para con Dios, y el quinto mandamiento con nuestra responsabilidad hacia el prójimo, ya que habla de honrar a nuestros padres. A mí me parece más apropiado, sin embargo, considerarlo como relacionado con nuestra responsabilidad hacia Dios. En parte, porque así se atribuyen cinco mandamientos a cada obligación; pero fundamentalmente porque nuestros padres, por lo menos mientras somos menores de edad, ocupan el lugar de Dios y hacen de mediadores de su autoridad. Por cierto, que Pablo entiende que honrar a los padres requiere obediencia, y sostiene que esto es correcto y que le resulta «agradable a Cristo». Al mismo tiempo agrega que, si los hijos tienen deberes para con sus padres, los padres también tienen deberes para con sus hijos. No deben «[hacer] enojar ni exasperar a sus hijos, sino más bien «[criarlos] según la disciplina e instrucción del Señor» (; ). El carácter recíproco de estas responsabilidades pone un límite claro al comportamiento de los padres.

El alcance de este mandamiento va más allá de nuestros padres y se extiende a los llamados «mayores», incluidos nuestros maestros, pastores y empleadores, y otros que tienen autoridad sobre nosotros. Si bien esta enseñanza no está de moda actualmente, ni mucho menos, la Biblia es clara en cuanto a que Dios ama el orden, no la anarquía, y que el ha establecido ciertas estructuras jerárquicas (especialmente la familia y el estado) que espera que su pueblo reconozca. Al mismo tiempo, cuando Dios delega su autoridad a los seres humanos y las instituciones, estos no pueden usarla para justificar la tiranía. Jamás es absoluta la autoridad. En consecuencia, si una persona o estructura se abusan de la autoridad que les ha concedido Dios, nuestro deber consiste en negarnos a obedecer, no sometemos. Como lo expresaron los apóstoles: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» ().

Algunos se ofenden por las palabras de Jesús de que a menos que «aborrezcamos» a nuestros padres y otros parientes, no podemos ser discípulos suyos (). Este es un buen ejemplo tanto de la forma dramática en que Jesús enseñaba, como de la costumbre hebrea de expresar una comparación mediante un contraste. Desde luego que no debemos interpretar sus palabras literalmente. ¿Cómo podría pedirnos en un momento que amemos a

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