Es con el propósito de defender las bendiciones positivas del propósito divino para el matrimonio que los cristianos adoptan una actitud negativa hacia cualquier otra relación que intente competir con él u oponerse a él.
Algo más: los cristianos se niegan a aceptar que los impulsos sexuales sean demasiado fuertes para ser controlados. Aceptar esto sería rebajar a los seres humanos al nivel de los animales. Forma parte de nuestro testimonio cristiano insistir en que cuando somos tentados, por insistentemente que sea, Dios siempre proporciona «una salida», de manera que «[podamos] resistir» (), que controlar los deseos sexuales es posible, que debemos «[huir]» de la inmoralidad sexual», que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo que mora en nosotros, que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, porque hemos sido comprados por un precio, y que por lo tanto debemos honrar a Dios con nuestro cuerpo ().
8. No robes.
La prohibición de robar presupone el derecho a tener propiedad privada y a lograr su protección. Una sociedad organizada y segura depende del reconocimiento de una clara distinción entre lo que es mío y lo que es tuyo. Cuando esa distinción se vuelve borrosa el resultado es antisocial. Por supuesto que esto no significa que tenemos derechos absolutos sobre nuestras posesiones. Por una parte, las tenemos en mayordomía otorgada por Dios, y, por otra, se nos invita a compartirlas con los necesitados. Pero esta norma significa que debemos reconocer los derechos de propiedad de los demás y no intentar pisotearlos.
Este mandamiento tiene una aplicación más amplia que el solo hecho de robar los bienes de otra persona. Abarca toda clase de deshonestidad, de engaño, de intriga, de cobro de precios excesivos, de transacciones dudosas, de trabajar horas insuficientes, de evadir impuestos y de eludir gastos aduaneros. Los cristianos deberían hacerse conocer por su honestidad en palabras y hechos, para que se pueda confiar plenamente en ellos.
Si somos culpables de un robo, desde luego que debemos devolver o pagar lo que hemos llevado. Sin embargo, en el Antiguo Testamento la restitución era más que simplemente pagar. Por ejemplo, «si alguien roba un toro o una oveja, ... deberá devolver cinco cabezas de ganado por el toro, y cuatro ovejas por la oveja» (Éxodo 22:1; ver ). Zaqueo, el cobrador de impuestos fraudulento, probablemente tenía en mente este tipo de legislación cuando se convirtió. Le dijo a Jesús públicamente: «Mira, Señor: Ahora