La lectura de la Biblia y la oración

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La vida del cristiano

con otro». En cambio, hemos de procurar la armonía permitiendo que las Escrituras mismas interpreten las Escrituras.

Cómo debemos leer la Biblia

Es esencial adoptar algún método. No es suficiente seguir leyendo los pasajes favoritos. Tampoco creyentes les gusta imitar a la mariposa y saltar irresponsablemente de versículo en versículo. A algunos creyentes les gusta idear su propio sistema, alternando entre libros del Antiguo Testamento y el Nuevo. Otros prefieren tomarse el tiempo necesario para estudiar un libro en particular con cierta profundidad, y encuentran útiles ciertos libros que procuran explicar el significado del texto bíblico y a la vez relacionarlo con el mundo contemporáneo (ver sugerencias para lecturas adicionales en las Guías de Estudio). Aun otros aprovechan guías de lectura diaria como las citados al final de este capítulo.

A continuación, ofrezco cuatro sugerencias sobre cómo leer:

1. Ora:

Dado que la Biblia es la Palabra de Dios, no podemos leerla con indiferencia o descuido, como si se tratara de un diario. Todo lo contrario, hemos de acercarnos a ella con aquella reverencia y humildad sin las cuales nadie puede entender las verdades de Dios, como expresó Juan Calvino. También hemos de implorar al Espíritu Santo que ilumine nuestra mente, y particularmente que nos muestre a Cristo. El Señor resucitado, cuando iba por el camino a Emaús con dos de sus discípulos, «les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras» (). Así lo expresó Christopher Chavasse, quien fue obispo anglicano de Rochester:

La Biblia ... es el retrato de nuestro Señor Jesucristo. Los Evangelios son la Figura misma en el retrato. El Antiguo Testamento es el fondo, que orienta hacia la Figura divina, señalándola, y es absolutamente necesario para la composición en su conjunto. Las Epístolas sirven para vestir y atraviar la Figura, explicándola y describiéndola. Y luego, mientras mediante la lectura de la Biblia estudiamos el retrato como un todo grande y completo, ¡ocurre el milagro! La Figura adquiere vida! Y, alejándonos de la tela de la palabra escrita, el eterno Cristo del relato de Emaús se convierte él mismo en nuestro maestro de la Biblia para interpretar en todas las Escrituras las cosas relacionadas consigo mismo.

Cuando leemos la Biblia el Espíritu Santo se deleita, en respuesta a nuestras oraciones, en presentarnos al Cristo Jesús vivo. Luego, haciéndonos eco de lo que dijeron los discípulos del relato de Emaús, nosotros también podremos dar testimonio de que «ardía

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