La lectura de la Biblia y la oración

Página 82

La vida del cristiano

nuestro corazón mientras conversaba con nosotros... y nos explicaba las Escrituras» ().

2. ¡Piensa!

Hemos de pensar además de orar. «Reflexiona en lo que te digo», le escribió Pablo a Timoteo, «ya que el Señor te dará una mayor comprensión de todo esto» (). Sólo Dios podía dar discernimiento, pero Timoteo tenía que reflexionar. Es igual con nosotros. Tenemos que aprovechar nuestras propias investigaciones y a la vez depender de la iluminación del Espíritu Santo. Para esto una moderna Biblia de estudio como la Nueva Versión Internacional (de la que vengo citando) será de mucha utilidad, y tal vez, además, una versión más popular como Dios habla hoy. Una concordancia es útil para ayudar a encontrar un texto o un pasaje. Otras ayudas valiosas son un diccionario, un buen comentario en un solo tomo y un compendio o manual de la Biblia; nos proporcionarían mucha información adicional. Pero estos son sólo auxiliares. Nuestra responsabilidad consiste en leer, volver a leer y seguir leyendo el pasaje, y dedicarnos a sacarle todo lo que tiene, como hace el perro con el hueso. Yo encuentro que me ayuda mucho hacerme constantemente dos preguntas. Primero, ¿qué quería decir? Es decir, ¿cuál era su sentido original? Segundo, ¿qué es lo que me dice? Es decir, ¿cuál es su aplicación actualmente? Para responder estas dos preguntas aplicamos los principios básicos de interpretación que presenté más arriba.

3. ¡Recuerda!

Cuando Dios nos habla, tenemos que tratar de recordar lo que nos dice. La mala memoria provocó la ruina de Israel. El pueblo olvidaba las lecciones que Dios le había enseñado. Un estímulo para la memoria es un lápiz. Es útil tener un anotador en el que se pueda escribir diariamente, por temas o por libros de la Biblia, las verdades que Dios nos va enseñando. Así podremos repasarlas de tanto en tanto y refrescar la memoria. Otra forma consiste en aprender de memoria versículos que nos han impresionado en forma especial. Podemos tomar nota de los mismos y luego seguir repasándolos. Si aprendemos de memoria (digamos) un versículo por semana, con la referencia correspondiente, nuestro conocimiento acerca de Dios y su Palabra aumentará sistemáticamente.

4. ¡Obedece!

No tiene mucho sentido leer la Biblia si nunca ponemos en práctica lo que ella nos enseña. Orar, pensar, y recordar son actividades inútiles y luego rechazamos lo que hemos aprendido. El hombre sabio, según Jesús, edifica su casa tan sólidamente sobre la roca

Mis notas

82 / 125 · 65% del libro

🎙 Nota de voz Sin grabar