La lectura de la Biblia y la oración

Página 83

La vida del cristiano

que ni las tormentas más fuertes pueden hacerle daño, es el que presta atención a sus palabras «y las pone en práctica» (). También Santiago, haciendo eco a lo que destacaba Jesús, apela a sus lectores y les dice: «No se contenten sólo con escuchar la palabra... Llévenla a la práctica» (). Con sentido del humor compara a los lectores desobedientes de la Biblia con los que se miran a sí mismos en el espejo, ven que necesitan lavarse la cara o peinarse, pero inmediatamente se olvidan de hacerlo.

La oración

Todo hombre y toda mujer están en la mejor posición, y en la más noble, cuando están de rodillas ante Dios en oración. Orar no sólo es ser verdaderamente piadoso; es, también, ser verdaderamente humano. Porque allí tenemos a seres humanos, hechos por Dios semejantes a Dios, y dedicados a Dios, que se ocupan de dedicar tiempo a estar en comunión con él. De manera que la oración es una actividad auténtica en sí misma, independientemente de cualquier beneficio que ella pueda proporcionarnos. No obstante, es también uno de los medios más efectivos de la gracia. Dado que alguien haya llegado a ser semejante a Cristo en medida significativa sin ser diligente en la oración. «¿Cuál es la razón», preguntó J. C. Ryle, «de que algunos creyentes sean mucho más radiantes y santos que otros? Creo que la diferencia, se contestó él mismo, «en dieciocho casos de veinte, tiene que ver con diferentes hábitos de oración privada. Creo que quienes no se destacan por su santidad oran poco, y quienes son eminentemente santos oran mucho. Además, «la oración y el pecado nunca morar juntos en el mismo corazón. La oración consumirá el pecado, o el pecado ahogará la oración».

Correctamente entendida, la oración es siempre una respuesta a la Palabra de Dios. Él habla primero (por medio de la Biblia); y nosotros contestamos (en oración). Siendo así, una buena regla consiste en comenzar nuestros momentos de oración contestándole a él (ya sea con alabanza, confesión o petición) sobre el mismo asunto del que él nos ha estado hablando mediante la lectura bíblica. Proceder así es sencillamente cortés; se considera descortés cambiar la conversación. En la práctica, entonces, resulta útil mantener abierta la Biblia después de haberla leído y meditado en su contenido a fin de volver a repasar el pasaje, versículo a versículo, convirtiéndolo en una oración adecuada. Siempre es un gozo proceder de esta manera. Además de ser lo correcto, esta manera de obrar nos ayuda a convertir lo que leemos en realidad en nuestra vida diaria.

Mis notas

83 / 125 · 66% del libro

🎙 Nota de voz Sin grabar