Cómo llegar a ser cristiano

Página 9

Los comienzos de la vida cristiana

En lugar de amar a Dios con todo nuestro ser, nos hemos rebelado contra él y hemos seguido nuestro propio camino. En lugar de amar y servir a nuestros prójimos, egoístamente hemos perseguido nuestros propios intereses. En nuestros mejores momentos tenemos conciencia de esto y nos sentimos tremendamente avergonzados.

Más todavía, nuestros pecados nos separan de Dios, por cuanto él es absolutamente puro y santo. Dios no puede tolerar el mal, ni siquiera verlo, como tampoco concertar acuerdos con él. La Biblia representa a Dios como una luz fulgurante y un fuego consumidor. De manera que su «ira» (lo cual no es ningún tipo de malicia personal, sino su justa hostilidad hacia el pecado) cae sobre nosotros. En consecuencia, nuestra necesidad más grande es de un «Salvador» que pueda cubrir el abismo que se abre entre nosotros y Dios, dado que los puentes que tratamos de construir nosotros no llegan hasta el otro lado. Precisamente el perdón de Dios para luego iniciar un nuevo comienzo.

Es probable que el primer paso sea el más difícil de encarar, porque nos resulta humillante. Preferimos cultivar nuestra propia dignidad, consolidar la confianza en nosotros mismos, e insistir en que podemos arreglarnos por nuestra propia cuenta. Si nos mantenemos en esta actitud jamás podremos acudir a Cristo en busca de ayuda. Como él mismo lo expresó, «uno los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos (es decir, los que se consideran justos) sino a pecadores» (). En otras palabras, así como no vamos al médico a menos que estemos enfermos y lo admitamos, de la misma manera no hemos de acudir a Cristo a menos que seamos pecadores y lo admitamos. La altanera negativa a reconocer esto es lo que ha impedido que muchas personas entren en el reino de Dios, mucho más que cualquier otra cosa. Tenemos que humillarnos y admitir que es imposible que logremos la salvación por nuestra cuenta.

Algo para creer

El segundo paso consiste en tener algo en qué creer, es decir, que Jesucristo es justamente el Salvador que acabamos de admitir que necesitamos. De hecho, Jesús reúne cabalmente las condiciones necesarias para salvar a los pecadores, debido a lo que él es y a lo que él ha hecho. ¿Y quién es él? Es el eterno Hijo de Dios, que se encarnó como ser humano en Jesús de Nazaret, y él solo y único Dios-hombre. ¿Y qué fue lo que hizo? Después de un ministerio público caracterizado por un servicio abnegado, se encaminó decididamente a Jerusalén y a la cruz. Ya había predicho que voluntariamente daría su vida

Mis notas

9 / 125 · 6% del libro

🎙 Nota de voz Sin grabar