La cena del Señor

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La vida del cristiano

Porque cuando él venga, consumará su reino, y el símbolo cederá su lugar a la realidad misma.

4. Acción de gracias

El vocablo «eucaristía» (eujaristía es la palabra griega para acción de gracias) se usó desde muy temprano como nombre para la cena del Señor, y se vuelve a usar crecientemente en nuestros días. Por cierto que dicho servicio es ocasión propicia para darle gracias a Dios por toda su misericordia, manifestada en la creación y la providencia, como así también en la redención. Al mismo tiempo, como hemos visto, es la muerte de Cristo aquello en lo cual debemos concentrarnos, por cuanto este hecho el que nos habla por medio de ambos elementos. No son símbolos de nuestras obras (aunque el pan y el vino nos preparan seres humanos con trigo y uvas), sino de la obra de Cristo (la entrega de su cuerpo y el derramamiento de su sangre en la cruz). Por lo tanto, el enfoque que debe tener nuestra acción de gracias en la eucaristía es el maravilloso amor de Dios por nosotros manifestado en la muerte de su Hijo en lugar de nosotros, y en la salvación que nos ha procurado como consecuencia de ella.

Es en este sentido que la cena del Señor es, o más bien incluye, un «sacrificio». En el curso del servicio le pedimos a Dios que acepte «este nuestro sacrificio de alabanza y acción de gracias». Personalmente confieso que, cuando estaba todavía en la escuela, solía pensar que la celebración de la santa comunión era un «sacrificio» porque se llevaba a cabo a las ocho de la mañana del domingo, y me parecía un sacrificio considerable tener que levantarme tan temprano con el fin de asistir a ella.

¿Qué es lo que significa, entonces, que la cena del Señor es un «sacrificio eucarístico»? ¿En qué sentido puede considerarse que la eucaristía es un sacrificio o una ofrenda? La respuesta católica tradicional es que se trata de una ofrenda de Cristo a Dios. Durante la tercera reunión del Concilio de Trento 1562–63) se sostuvo que en el sacrificio de la misa el mismo Cristo está contenido y es inmolado incruentamente, aquel que una vez se ofreció a sí mismo cruentamente en la cruz, y... que este sacrificio es propiciatorio...». Esta noción, de que en el altar de la misa Cristo es ofrecido a Dios como sacrificio propiciatorio por los pecados, fue rechazada por los reformadores, porque la veían como una forma de desdeñar el sacrificio único y enteramente satisfactorio de Cristo en la cruz. Así que, con el fin de ser consecuentes, evitaron todo uso de la palabra «altar», y la reemplazaron por «la santa mesa», «la mesa del

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