Señor» o simplemente «la mesa». Cierto es que en algunos contextos hoy en día la palabra «altar» ha perdido su significado original de lugar de sacrificio, como cuando en una campaña evangelística se habla del «llamado al altar», o cuando un hombre se refiere a su casamiento expresando que «lleva al altar» a su novia. No obstante, las palabras y sus significados tienen importancia. En el contexto de la cena del Señor es indudable que es más sabio usar «mesa» en lugar de «altar», con el fin de mostrar que creemos que el servicio es una cena, no un sacrificio. Porque nosotros participamos en el sacrificio de Cristo sólo en el sentido de que compartimos los beneficios, no en el sentido de que compartimos la ofrenda del mismo.
¿Cuál es, entonces, la relación entre el sacrificio de Cristo y nosotros? Es múltiple. Rememoramos su sacrificio con agradecida adoración. Por fe participamos de los beneficios salvíficos. Disfrutamos entre nosotros de la comunión que dicho sacrificio ha hecho posible. Y como respuesta nos ofrecemos a Dios en sacrificio de renunciamiento. Pero no compartimos la ofrenda o sacrificio que Cristo hizo de sí mismo, ni podemos hacerlo. Sugerir esto es confundir lo que ha de permanecer claramente diferenciado, a saber, su ofrenda y la nuestra, «la perfecta y la contaminada, la expiatoria y la eucarística, la iniciativa divina y la respuesta humana».
La estructura del servicio
Diversas denominaciones han desarrollado sus propias tradiciones para la celebración y administración de la cena del Señor, siendo algunas más complejas de otras. Casi todas tienen un esquema básico similar. Sea que se reconozca esto consistentemente o no, el servicio generalmente se divide en tres partes que comúnmente se denomina «ante-comunión» (la preparación de la congregación), «comunión» (la oración eucarística o acción de gracias por el pan y el vino, seguida de la distribución de los elementos) y «pos-comunión» (la oración final y la despedida de los feligreses). En las iglesias que tienen un orden de culto más formal esta estructura tiende a desarrollarse como sigue.
1. La ante-comunión
Este es el espacio durante el cual se alienta a los pecadores a acercarse a la mesa del Señor. Más allá de las formas que enfatizan más la penitencia o la celebración, la pregunta crucial es: «¿Qué se requiere de los que se acercan a la cena del Señor?». Y la respuesta: «Examinarse a sí mismos, a fin de determinar si se arrepienten verdaderamente de sus