pecados anteriores, proponiéndose llevar firmemente una vida nueva; evidencian una fe viva en la misericordia de Dios a través de Cristo, con agradecida rememoración de su muerte; y vivir la caridad para con todos los hombres». El arrepentimiento, la fe y el amor se expresan así como las condiciones necesarias para acercarse a la mesa de la comunión, y la ante-comunión nos ofrece una oportunidad para cumplirlas públicamente.
El recitado regular de los Diez Mandamientos es algo muy deseable en nuestros días, porque la ley de Dios es poco conocida y bastante despreciada. Por lo menos es preciso que escuchemos la síntesis de la misma hecha por Cristo en los dos mandamientos de amar a Dios y al prójimo. Porque es la ley la que revela y condena nuestro pecado, el evangelio nos llama al arrepentimiento. Luego, si la ley nos lleva al arrepentimiento, el evangelio nos conduce hacia la fe. De manera que a continuación corresponde realizar la lectura de pasajes de una Epístola y de un Evangelio, y a menudo en estos días alguna lectura del Antiguo Testamento también, seguido por un sermón. En ciertas iglesias a esto le sigue la lectura en voz alta del Credo Niceno, que es la respuesta de la fe a la palabra de Dios leída y explicada.
No basta con estar en buena relación con Dios en penitencia y fe, sin embargo, si no estamos al mismo tiempo en la debida relación con nuestros semejantes, varones y mujeres. Por consiguiente, el amor completa el trío. Este amor se expresa en la intercesión por otros, en las ofrendas (ya que es costumbre en muchas iglesias que se destinen las ofrendas del servicio de comunión para los necesitados), y particularmente en los saludos de la paz. Saludarnos unos a otros con «un beso santo» () fue lo que indicaron los apóstoles Pablo y Pedro respectivamente. Su reciente recuperación en muchas iglesias en todo el mundo (valiéndose de cualquier abrazo o apretón de manos apropiados según cada cultura) es algo sumamente auspicioso, siempre que pueda mantenerse como un auténtico gesto de reconciliación en Cristo.
Después de esta expresión de arrepentimiento, fe y amor, en el servicio del «Libro de oración» de 1662 el ministro pronunciaba la exhortación: «Vosotros los que verdadera y sinceramente os arrepentís de vuestros pecados, estáis en amor y caridad con vuestros prójimos... acercaos a él...». Echo de menos estas palabras o su equivalente en nuestros días cuando faltan, porque tienen el buen efecto de «cerrar la mesa» (como lo expresan los presbiterianos), es decir, de poner en claro las condiciones para recibir la comunión.